Mira este video… hermoso.
(estoy entre en querer y no querer saber lo que dice)
No viene al caso contarte que tengo muchas ganas viajar a alguna parte, ¿no?
Mira este video… hermoso.
(estoy entre en querer y no querer saber lo que dice)
No viene al caso contarte que tengo muchas ganas viajar a alguna parte, ¿no?
…
Srta:… ¿qué pasa?
ChicoX: No… nada.
Srta: ¿Qué pasa?
ChicoX: No me gusta cuando te pones así.
Srta: ¿Así?
ChicoX: Así… tan realista.
Srta: …
ChicoX: …
…
(FIN)
Estuve paseando por las nubes imaginando todas esas perfectas escenas donde él dice todo lo que quiero escuchar y como lo quiero escuchar. Lo malo es que todo lo que vi ahí arriba ahora se cumple, pero no sin los infaltables ingredientes que me hacen chocar contra el piso y que convierten mi dulce momento imaginado en la escena final de una historia sin buen argumento.
Para los próximos paseos nubecinos recordaré practicar el descenso… o llevar paracaídas.
“Crisis aquí. Crisis allá. La crisis ya se siente. Si no te portas bien la crisis va a venir.”
Crecí de una manera inusualmente usual, que me permitió ver las diferentes caras de una tierra como muchas, llena de contrastes. Tantas diferencias que tuve la suerte de no sólo ver, sino compartir, me han dejado “programada” de manera un poco diferente. Supongo que por eso no llego a encajar completamente con la gente que se supone que “debería” encajar. Distintas prioridades y muchas burbujas sin reventar me alejan de esas multitudes.
Podría escribir y escribir sobre lo que quiero decir sin decir mucho, me pasa mucho en este tren, pero como el tema me importa mejor les dejo este un texto del Sr. Giacosa. Si pueden léanlo.
Gozando de las tinieblas
Pasé muchos años de mi vida realizando proyectos de algo que, en aquel tiempo, la ONU llamaba “desarrollo de la comunidad” y que me permitió estar en contacto directo con los sectores menos privilegiados de la sociedad.
Vivir la pobreza sabiendo que uno puede huir a su casa no es lo mismo, evidentemente, que estar encadenado a ella. Curiosamente, y esta es mi experiencia, la percepción del sufrimiento que la pobreza causa puede llegar a ser más doloroso que la pobreza misma. Como en casi todo (no sé si el 'casi’ sobra), el ser humano pone en marcha sus admirables capacidades de adaptación y encuentra, allí donde uno sólo ve dolor y postergación, motivos suficientes para sacar provecho de su existencia.
El dolor que uno siente desde fuera no es el mismo que ellos sienten desde dentro. El nuestro es solo dolor. Lo de ellos se ha transformado en una enorme fuerza destinada a preservar la vida que siempre logra ir más allá de la mera subsistencia. Debe ser parte de la lógica de la supervivencia que sabe que, además de alimentos y techo, se necesitan otros nutrientes para salir adelante. O, al menos, para seguir queriendo salir adelante. Esta conducta no es un producto espontáneo, lleva tiempo acostumbrar a nuestro cerebro a prescindir de todo aquello que teníamos por natural poseer. Pero uno se acostumbra y hasta puede llegar a jugar con sus nuevas carencias. Es verdad que otros se suicidan, pero esos son los menos. Suelen ser aquellos que hacen culto de lo que no es imprescindible para vivir. Y que no disfrutándolo conscientemente, padecen cuando dejan de poseerlo. Es decir, no gozan por tenerlo, pero sufren por no tenerlo. Por ejemplo, tener agua corriente en nuestras casas es un beneficio cuyo goce solo experimentamos cuando esta regresa luego de que algún problema nos ha dejado sin ella por algunos días. Luego volvemos a la rutina.
Estas reflexiones surgen de la información que comienza a producir la crisis y que revela las situaciones inéditas que están viviendo algunos sectores privilegiados de la población de los países industrializados y de los países emergentes.
La movilidad social, por ejemplo, es decir, la posibilidad de que nuestros hijos estén económicamente mejor que nosotros, parece, por ahora, un sueño bloqueado. Y eso, aunque no lo sepan, es un privilegio, porque si se tuviera el coraje de acceder a la información científica sobre el medio ambiente, no solo el sueño estaría bloqueado sino que nos conformaríamos con que nuestros hijos simplemente 'estén’. Con que tengan un lugar en este planeta para vivir o sobrevivir decorosamente. Sin los lujos estrafalarios que gozaron sus padres.
Cuesta acostumbrarse a situaciones nuevas pero, como decíamos con otras palabras más arriba, nuestro cerebro está diseñado para sobrevivir y terminará hallando goce allí donde hoy solo ve tinieblas. ¿Quién nos asegura que esas presuntas tinieblas no escondan satisfacciones más duraderas que las que hoy nos proporciona la abundancia?
Me siento tan cínica cuando le digo a Lou que necesita avanzar y dejar las malas experiencias atrás cuando esta servidora no tiene la más mínima idea de cómo se hace semejante hazaña. Así que mientras ella deja pasar una nueva oportunidad de sentirse genial y dejar de estar rutinariamente bien, yo seguiré meditando el tema desde aquí, la tierra del “no tan bien, no tan mal”; acogedor lugar sin mucho tráfico, con poca señal para llamadas y donde a la larga te acostumbras a estar, casi olvidando como era lo demás.
Veré si les mando una postal.
¿A ti también te pasa que de un momento a otro se te da por cuestionar todo?
Lo que haces
Por qué lo haces
Como lo haces
Lo que hiciste para estar donde estas
Lo que dejaste de hacer
Con quienes estás
Si realmente están contigo
Si seguirán…
Lo único que sé es que yo soñaba con salvar el mundo, aunque sea un poquito.
Ahora no me pregunto con qué sueño.
…
¿Qué qué quisiste decir con la estructura que armaste?
Y yo que se supone estoy en la temporada de buscar respuestas me quedo sin poder responder.
Quiero… Quería mostrar movim… Queria que muestre…
He ahí el dilema, si sería buena expresándome con palabras no me la pasaría haciendo imágenes. Desde siempre me fue muy difícil explicarme así, hablando no digo. Por eso nunca pude controlar mis nerviosas respuestas a cada pregunta incómodamente importante, que luego causarían ondas expansivas que terminaban mandándonos a cada uno a distintos extremos de esos infinitos momentos de silencio. Silencios demasiado definitivos para mi gusto.
.
Y sí, de vez en me convierto en Srta. Drama.
.
Y seguíamos corriendo, como sólo los niños corren. Creo que yo era la perseguida aunque a ratos parece que solo corríamos por correr, a estas alturas quién sabe, yo solo corría. Y luego la memoria se me nubla y me veo en el piso, con Sebas ayudando a pararme y yo que me aguantaba las ganas de llorar.
Lo recuerdo así, un día de sol, en pleno recreo, en un rincón del jardín de la pequeña escuela, con la rodilla muy raspada y aguantándome las ganas de llorar, así es que Sebas me dio el primer beso, o por lo menos así está en mi memoria, todo muy borrado por el tiempo.
Y luego la memoria salta al día siguiente. Yo en mi casa con una herida en la rodilla, viendo desde la ventana a Sebas y su mamá, que se quejaba de que cómo podía haber reaccionado dándole un puñete a su hijo mientras jugábamos. Si, a mis cortos seis años, al encontrarme con el primer beso, lo primero que atiné a hacer fue responder al pobre Sebas con un golpe. Fue la primera vez que vi a papá tan orgulloso de su pequeña Sinsentidito.
A veces me pregunto qué será de Sebas, y si recuerda el beso, o si el trauma del golpe le borró la memoria y sólo me recuerda como una niña abusiva. No sería la primera vez.
.
A este paso mi pobre hermanito se convertirá en vampiro.
.
Mi primera psicóloga sólo ayudó mi fuerte depresión con pastillas para dormir y un “todos pasan por lo mismo a tu edad”. Yo tenía 15 años.
Mi segunda psicóloga sólo me “ayudó” a superar problemas de autoestima que ella con sus comentarios me hizo tener, y lo de superar es darle mucho crédito. Yo tenía 17 y seguía deprimida.
Mi tercera psicóloga era bastante joven y casi confié en ella, era muy buena y me caía bien. Luego vino una crisis y me “escapé” de todo, ella incluida. Tenía 19.
Mi cuarta psicóloga fue mi cuarta psicóloga por imposición de la familia y no por elección, por ese motivo lo único que tuve que hacer para librarme era decirle lo que ella necesitaba escuchar. Tenía 20 y el mismo fantasma con D.
Mi quinta psicóloga… mentira, ya no tuve más.
A veces estoy mejor y a veces peor, pero ya dominé el sutil arte del disimulo así que nadie sufre conmigo. A veces pienso que nunca más caeré en el hoyo y que esos que dicen que es una enfermedad exageran. A veces le hecho a “eso” la culpa de todo lo que no pude ni puedo hacer. A veces sé cuando una etapa negra va a venir casi como si adivinara una tormenta cuando se acerca.
Luego lo leo todo aquí y aunque lo que puse me parece feo y triste y si sería el blog de alguien más yo pensaría: “que gris es esta chica”, me hace sentir mucho mejor. Mejor que lo que cualquiera de las cuatro mujeres, previamente mencionadas, alguna vez me ayudaron a estar. Supongo que al final esa es la idea de este blog, poco a poco escribir más sobre mí y para mí… y para ti que vendrías a ser mi quinto terapeuta.
Ufff… Qué bien que hoy vivo en la ciudad donde nunca llueve…
Yo más bien diría que soy tan práctica que los demás se complican.
Pero como siempre estoy abierta a sugerencias, quién sabe, tal vez pronto comience a escribir el “Cómo comprender a Srtas. Sinsentido FOR DUMMIES”, la práctica guía que te explica fácilmente y paso a paso que no todas las mujeres son iguales, no importa que quién te diga lo contrario.
“A man is a success if he gets up in the morning, gets to bed at night, and in between does what he wants to do.”
Bob Dylan
“In these days people know the price of everything and the value of nothing.”
Oscar Wilde
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